Ciclo vida

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UN AMIGO ME CONTÓ UNA VEZ QUE UNO DE LOS REGALOS MÁS RECORDADOS QUE ALGUNA VEZ LE LLEGARÁN PARA LA NAVIDAD, FUE UNA BICICLETA, ACASO  LA PRIMERA, REGALO HECHO POR MI QUERIDA ABUELA, EN AGRADECIMIENTO A LAS INCONDICIONALES Y GRATUITAS ATENCIONES DE SU PADRE, “MÉDICO DE CABECERA” DE LA FAMILIA . ES, AQUEL DOCTOR,  UNA PERSONA DE GRAN BONDAD Y DESINTERÉS POR LOS BIENES MATERIALES. DE HECHO, A MI ABUELA MÁS DE UNA  VEZ LA SORPRENDÍ E INCLUSO AYUDÉ A ESCONDER  BILLETES EN ALGÚN BOLSILLO DE LA CHAQUETA DEL DOCTOR, YA QUE NUNCA LE COBRABA POR SUS VISITAS.

Ese espíritu de gratuidad y, por el otro lado, de gratitud, son valores cada día más ausentes en nuestra apurada y utilitaria sociedad, que hoy sólo se basa, cada día más, en los » cuantos» y en indicadores para todo lo que concierne a  la vida de las personas.

Personas,¡no números! Esa es la consigna que escasea crecientemente,  avanzando lentamente hacia una sociedad sin alma.

Esa gratuidad escasa la encarna, sin embargo, el potencial que tiene  la bicicleta, tal vez el objeto más democrático de todos: nos permite desplazarnos a una velocidad media por la ciudad, todos pueden acceder a una; silenciosa; económica; «limpia», en fin, más que sólo «amigable».

Para un niño, una bicicleta; esas dos ruedas con vida propia;(a veces cuatro para ayudarse en el equilibrio), representan tal vez la primera instancia en que, acercándose a un grado de libertad mayor, y acaso rozando el riesgo de peligro,

Pero hoy por hoy, esa «libertad», ¿hasta dónde llega? ¿Hasta los muros neo-medievales de los condominios habitacionales?, hasta las rápidas pero excluyentes autopistas urbanas ?

La buena noticia es que el uso de la bicicleta ha recuperado un sitial que no debió nunca perder; Y no sólo en ciudades «modelo» como Amsterdam,Copenhague, Tokio  o ,   Sevilla, sino que también en comunas nuestras como Santiago, Providencia y   La Reina , la ciudad se torna más amigable para los ciclistas.

Como «indicador» positivo, usando un sólo día a la semana una bicicleta en reemplazo de un automóvil, es posible reducir un poco más de 1 tonelada anual de CO2.

Ojalá esto pudiera replicarse en nuestras cada día más densamente edificadas  calles viñamarinas, y las bicicletas tuviesen esa alfombra roja que otrora tuvo el automóvil en sus primeros tiempos. Unos mayores  y mejores  espacios para las bicicletas, aportarán sin duda a que Viña del Mar recupere en algo el título que ostentó alguna vez como «Ciudad Jardín», el que le está quedando grande hace ya muchos años.

Ahora,  para que esas aun pocas bicicletas se transformen en torrentes por las arterias de la ciudad, no sólo  necesitamos,  cuanto antes, ciclovías debidamente incorporadas al urbanismo, sino que también una buena cuota de  «urbanidad» de nuestra parte. A los automovilistas nos corresponde, aunque no sea fácil, considerar al ciclista como si fuese un automóvil más en las calles… más aun, un vehículo que representa, por un lado, una fragilidad y por otro un valor para nuestro ambiente.

Ah!, y para quien no sea amigo de la transpiración, existen las bicicletas eléctricas, que, con poquísima energía acumulada en una batería recargable en la casa, permiten salvar los caminos cuesta arriba.

Las bicicletas , por otro lado, se han customizado a tal grado, que grandes marcas y famosos diseñadores las están convirtiendo, mucho más allá que objetos meramente funcionales, en objetos de deseo.

Objeto de nuestro deseo, más aun, debiese ser  mejorar nuestro entorno y aportar y  de paso «aportarnos» salud al cuerpo, al espíritu, y también a la ciudad.

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