Cigarro non stop

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¿QUÉ TIENEN DE COMÚN  SANDRO, WALT DISNEY, NAT “KING”COLE, MICHAEL LANDON, SAMMY DAVID JR. O GIACOMO PUCCINI? PRÁCTICAMENTE NADA, EXCEPTO, EL CÁNCER QUE LES PROVOCÓ LA MUERTE POR EL ALTO CONSUMO DE TABACO. EN NUESTRO PAÍS LAS ESTADÍSTICAS SON LAPIDARIAS SE ESTIMA QUE CADA AÑO MUEREN  MÁS DE 15.000 PERSONAS A CAUSA DEL TABACO, CIFRA QUE REPRESENTA EL 17% DE LA MORTALIDAD TOTAL DEL PAÍS.

El consumo de tabaco se inicia hace más de dos mil años, pero en el siglo XX alcanza carácter de epidemia y se constituye en un grave problema sanitario a nivel mundial, traspasa fronteras, no respeta edades, sexo ni color de piel. A través de los años, la evidencia científica consolida y hace indiscutible, la relación entre el consumo de tabaco y el desarrollo de cánceres, enfermedades respiratorias y cardiovasculares. De hecho, en el año 2000 la OMS, Organización Mundial de la Salud, estimó en 4.9 millones las muertes anuales atribuibles al consumo del tabaco.

En nuestro país, 4 millones 779 mil 653 personas sufren de tabaquismo, fumando en promedio 8 cigarrillos diarios. De esta cifra, se desprende un porcentaje nada despreciable de un  25% para los menores de 15 años, esto, según la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes durante el 2008 (EMTA). La mayoría de ellos, se inicia en el consumo a los 12 años y llama la atención el alto porcentaje que empieza a fumar antes de los 10 años de edad. Para que hablar de la cantidad de dinero que un fumador puede llegar a gastar en su vida. Un hombre o mujer de 55 años de edad, que en promedio fuma entre 4 y 5 cajetillas diarias de cigarros, habrá gastado cerca de 50 millones de pesos.

Pamela Eid, Sicóloga Clínica, lleva cerca de 7 años desarrollando, estudiando y perfeccionando sus conocimientos acerca de los efectos del tabaco. Su trabajo se focaliza en algo que para muchos es un verdadero desafío, para otros, simplemente una apremiante necesidad para vivir: Dejar de fumar.

Sus primeros pasos los dio en el Instituto Médico Schilkruts, institución privada de la Región metropolitana, reconocida ampliamente, por sus tratamientos en las areas de dependencia química, tabaco y trastornos alimentarios,   en adolescentes y adultos. En este lugar -nos cuenta- aprendió y creció mucho en materia  de trastornos y dependencias. Cuando la invitaron a desarrollar el programa que imparte  este Instituto para dejar el cigarrillo se rió. “Era imposible que me hiciera cargo  de pacientes que buscaban dejar de fumar si yo también fumaba. Fue entonces cuando me decidí a dejar el cigarrillo. La verdad no lo pensé mucho y a poco andar comenzamos a desarrollar el programa que en un principio se trató de una terapia grupal, pero que hoy, con el correr de los años se ha ido transformando en una terapia individual”.  A raíz de la experiencia personal y de los pacientes que se atendieron concluyeron  que la mayoría dejaba de fumar sin problemas en las primeras sesiones. “Lo más potente era la parte de la Psicoeducación, después era un reafirmar lo aprendido. Nos fue bien, obtuvimos muy buenos resultados”, señaló.

REFERENTE INMEDIATO

La vida, la infancia y las circunstancias permitieron que esta Sicóloga Clínica formara parte de la estadística de personas adictas al cigarro. Con pleno conocimiento de causa la especialista sabe de lo que habla – recuerda-  que  en su infancia estuvo siempre presente el cigarro. “Yo fui hija de padres fumadores, tuve asma infantil, bronquitis, etc. Tú ibas a la casa de mis papas mirabas el techo y casi podías ver una  aureola oscura de alquitrán pegada de tanto humo. Cuando pequeña en el colegio mi juego favorito era hacer papeles pintados con forma de cigarros para jugar a fumar. Yo crecí con la imagen  de que el cigarrillo significaba cosas afectivas fuertes”.  La Sicóloga  -recuerda- que varias veces durante sus juegos llamaba a alguno de sus padres para jugar o mostrarles algo.

La respuesta, muchas veces, fue: “espera a que me fume el cigarro y voy”.  “Una motivación constante que refuerza día a día mi decisión. No quiero entregar una respuesta así para mis hijas, ni para nadie que me importe: Espera que me termine de fumar el cigarro y voy”, nos comenta la especialista.

Las personas que llegan a tu consulta, lo hacen muchas veces angustiadas, sin ganas de dejar de fumar, pero deben hacerlo.

¿Cómo trabajas con el paciente estos aspectos?

Todos los que hemos sido fumadores tenemos un gran dilema porque hay una parte de nosotros que quiere seguir fumando y otra,  en cambio, que quiere dejarlo y eso, obviamente, provoca un gran desgaste energético. Lo que pasa es que da miedo pues hemos sido bombardeados por la información de personas que nos transmiten y dicen constantemente que es muy difícil dejar el cigarro hasta que finalmente terminamos creyéndolo, la verdad es que es mucho menos amenazante de lo que aparenta.

¿Cuál es el promedio de edad de tus pacientes?

El promedio de edad es de 50 años. En general  llegan hasta mi consulta por problemas de salud considerables, o porque ya han fumado toda la cuota aceptable a la que podían acceder  en su vida y era hora de parar. Cada persona tiene un detonante, pero claramente la salud  es un movilizador.

Has tenido un excelente resultado con los pacientes que se han atendido contigo. De hecho más del 80% no ha recaído ni ha vuelto a fumar cigarrillos. ¿A  qué crees que se debe esto?

Hay un primer acercamiento en que  evalúo y hago un perfil del paciente, adapto la intervención a las particularidades o situaciones que a ese paciente le hacen más sentido. No es lo mismo una paciente mujer que un hombre o uno que tiene hijos de otro que no. Después tenemos una sesión de larga duración de las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde, obviamente con intervalos en los que el paciente puede salir a fumar, si lo desea.

¿Qué sucede durante estas más de 5 horas ininterrumpidas de trabajo con el paciente?

Este es un método terapéutico para dejar de fumar, que tiene una  orientación positiva, potencia las ventajas que significa dejar el cigarrillo. No está enfocado en el  daño  ni a lo mal que  lo hemos pasado por causa de él, por lo tanto, se transforma en un proceso grato. Potencia  un estilo de vida saludable. Se basa en las ventajas de no ser fumador, se  trabaja en las creencias irracionales  que alimentan la adicción al tabaco. Las personas fuman porque es una adicción, no existe otra razón, incorpora técnicas de programación neurolingüísticas para manejar mejor  la ansiedad y potenciar mejor los recursos personales. En el fondo, es cambiar la forma en que percibimos  el acto de fumar convirtiéndolo en algo que no se desea, de este modo no se sufre por privarse de él.

Un camino dificil aunque acompañado es mucho mejor

El fumar es una adicción, de ahí que este programa nace a partir de un tratamiento de adicciones. La nicotina es la segunda droga más rápidamente adictiva que existe (la primera es la  heroína), también  es una de las que más rápido se elimina del cuerpo, por lo tanto, el síndrome de abstinencia es muy leve. La gente tiene una idea absolutamente exagerada de  lo que va a pasar si deja el mayor período de abstinencia pasa en la noche sin que muchas veces nos demos cuenta. No debería durar más de 3 semanas siendo la parte más complicada las primeras 24 horas. Así lo explica Pamela Eid, quien es enfática en señalar que la mayor abstinencia es sicológica. “Lo que yo hago es trabajar con todas las creencias irracionales. Por ejemplo; qué hace que tú fumes, o por qué fumas. Si la persona me dice que es para aliviar las presiones en el trabajo, trabajamos en profundidad acerca  de eso hasta que él o ella logran darse cuenta de que no hay absolutamente ningún beneficio ni ganancia. Esta terapia se basa en prender la luz de los pacientes, que  ellos lo vean, lo vivan y lo sientan.

¿Qué pasa con los pacientes que han recaído?

Mira,  hay que tener claro que el cigarrillo es una adicción y como toda adicción nunca desaparece  en un 100%, puedes mantenerla controlada y llevar una vida absolutamente normal y no te das ni cuenta, pero  puedes estimular que aparezca nuevamente. Entonces las personas  alimentan esa adicción y recaen. Afortunadamente son muy pocos los casos que han recaído. La mayoría de ellos corresponde  a menores de 30 años.  Les digo a mis pacientes que no necesitan un tratamiento  para dejar de fumar,  a pesar de que me dedico a esto, pues creo que las personas pueden dejar de fumar por sí solas, dejar de fumar es simple, no requiere de un  gran esfuerzo. Yo sé lo que es fumar, he visto gente morir por el tabaco, entonces  obviamente hay una motivación personal  y no solo  profesional en ayudar  a la gente a liberarse del cigarro. Pero es una responsabilidad para mí transmitirle en nuestro primer encuentro que ellos son capaces de hacerlo solos, pero si ellos quieren yo los puedo acompañar  en este viaje.

¿Cuáles son las ventajas que los pacientes tienen al dejar de fumar?

La idea es que las personas logren sacarse las creencias irracionales y puedan modificarlas. Cuando logran esto, hacen el clic necesario que les permite hacer el cambio. Podemos ver las ventajas cuando nos libramos del  cigarrillo. El cigarrillo, al contrario de los que muchos creen,  no hace engordar. Engordo, si siento que tengo que compensar algo. El regalo más valioso que se hacen  los pacientes es dejar de fumar.  ¿Se gana algo fumando? Si sientes que sí, hazlo, pero de pasada vienes y me cuentas lo que ganaste, la verdad es que hasta ahora no se a comprobado ningún tipo de efecto positivo del cigarrillo en ninguna esfera de la vida. El cigarro hace daño en la salud,  daña la autoestima, es grato ver que las personas se liberen y se reencuentren con ellos mismos.

 

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