Ser agradecido te permite disfrutar de los momentos positivos de la vida, incrementando tu sensación de bienestar y satisfacción. Es una verdadera bendición, pues al ofrecer algo a otro, también te regalas a ti mismo.
La gratitud nos ofrece una visión diferente de la vida, como si usáramos lentes especiales. Nos ayuda a enfocarnos en lo que sí poseemos, en lugar de quedarnos atrapados en lo que nos falta. Cuando la gratitud se convierte en una práctica diaria, natural y espontánea, tu ánimo y enfoque mejoran, y todo comienza a cambiar a tu alrededor.
El éxito a veces puede llevarnos a la amnesia. No seas parte de esa tendencia. Practica la gratitud. Pregúntate: ¿por qué llegué hasta donde estoy? Descubre el propósito detrás de tu éxito. Si has alcanzado este lugar, es porque alguien o algo te llevó hasta aquí, y porque también hay algo o alguien que aún te necesita en este camino.
Si alguna vez hay un día en el que no encuentras razones para agradecer, tómate un momento para reflexionar. Si no puedes recordar algo con gratitud, es posible que no lo hayas observado con suficiente profundidad. Deja que tu intuición guíe más que tu lógica. Tu espíritu te revelará lo que necesitas comprender.
Cuando ese recuerdo llegue a tu mente, repite en voz alta: «gracias… gracias… gracias». Si la experiencia fue amarga, no agradezcas únicamente por lo que viviste, sino por lo que en ese proceso pudiste aprender, hacer, o incluso lograr.
Si no eres capaz de agradecer por lo que ya tienes, difícilmente encontrarás satisfacción en lo que esperas obtener. La gratitud es un poder que multiplica las bendiciones. Nos lleva a centrarnos más en lo que poseemos –que es mucho– que en lo que nos falta. Ser agradecido depende más de tu actitud que de las circunstancias externas.
Conéctate con la gratitud sin importar lo que esté sucediendo en el mundo que te rodea. Da gracias al despertar, al iniciar tu día con un «¡Un nuevo día por vivir!». Agradece al almorzar, al caminar, al obtener los resultados esperados, y también cuando no lo sean, al acostarte por la noche.
La gratitud es contagiosa, tiene un efecto expansivo. No solo transforma tu interior, sino que también influye en el espíritu de quienes te rodean.
Sin embargo, hay quienes creen que con decir «gracias» es suficiente. Si bien es importante expresar tu gratitud, especialmente hacia quienes te han ayudado o te siguen apoyando, no basta con las palabras. Sorprende a aquellos que te tendieron una mano en momentos difíciles, agradeciéndoles tanto en palabras como con acciones concretas: un desayuno, un libro, un curso, un viaje, un vale de ropa, una cena, un día de descanso. Apreciar lo que otros hacen por ti fortalece relaciones genuinas y positivas. La gratitud hacia quienes te rodean te hará inolvidable.
Las personas por las que no sientas gratitud se convierten en una carga emocional. Es cuando aceptamos a las personas tal como son que se convierten en aquellos seres queridos. Como bien dijo la Madre Teresa de Calcuta: «Si juzgas a las personas, no tienes tiempo para amarlas».
Dedica palabras amables a todos los que encuentres durante el día: «Gracias»; «Valoro profundamente lo que hiciste»; «Tu aporte significa mucho para mí».
Agradece:
- De la forma que te resulte más genuina; encuentra métodos únicos.
- No solo verbalmente, también por escrito.
- En privado y también en público.
- Con frecuencia, sin esperar ocasiones especiales.
- Con generosidad, porque lo que das también es un regalo para ti.
- Con alegría, porque es una elección personal.
- Con consciencia, pensando tanto con la mente como con el corazón.
Mantén un registro o diario de gratitud. Anota allí lo que agradeces, tanto lo material como lo intangible: estar vivo, tener salud, una vivienda, trabajo, experiencias vividas, lecciones aprendidas, un regalo recibido, un ser querido…
Antes de dormir, haz una evaluación del día y por cada acción y resultado, da gracias. Cada objetivo alcanzado es solo un nuevo punto de inicio. Pero antes de continuar, ¡tómate tu tiempo para celebrar!
Practica la gratitud. Desarrolla la gratitud. Haz que la gratitud forme parte de tu vida de manera continua. Recuerda, no se trata solo de «decir» gracias, sino de «ser» una persona agradecida.
Samuel Stamateas es Master Coach Ontológico Profesional, Coach Ejecutivo y Trainer en Programación Neurolingüística. Autor de varios libros sobre desarrollo personal. Entrenador y Conferencista Certificado por John Maxwell Leadership. Co-Director de la Escuela Internacional Líder Coach Profesional (www.lidercoachprofesional.com)