Tener pareja es una elección (y un gusto)

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LA MAYORÍA CREE QUE PARTE DE LA FELICIDAD ES ESTAR EN PAREJA, Y PARADÓJICAMENTE, HAY VECES EN QUE LA RELACIÓN SE CONVIERTE EN SU MAYOR TRISTEZA. ESTAR EN PAREJA ES UNA ELECCIÓN Y UN GUSTO, PERO PARA MUCHOS SE HA VUELTO UNA NECESIDAD PARA SUPLIR SUS VACÍOS Y SOLEDAD. CUANDO UNA PERSONA SE SIENTE COMPLETA CONSIGO MISMA NO ELIGE UNA RELACIÓN QUE LE RESTE, TODO LO CONTRARIO, OPTARÁ POR UNA RELACIÓN QUE LE APORTE BIENESTAR Y FELICIDAD.

Si viéramos la vida como un círculo dividido en porcentajes, notaríamos que lo armónico sería ver un equilibrio entre las zonas de esta figura; decir, necesita haberse llenado cada aspecto, como lo son: desarrollo personal, salud física y mental, familia, trabajo, pareja, hobbies, etc.

Cuando la persona está completa y se empareja, esta ocupa un lugar y porcentaje acotados dentro del círculo; por lo tanto, si la relación se termina, se desocupa un lugar acotado y no interfiere en toda la vida de la persona.

Si se produce un desequilibrio en la importancia asignada a la pareja, tras una ruptura la persona puede quedar devastada e incluso caer en depresión, dejando en evidencia que mantenía la relación por necesidad y no por gusto.

Las personas que sienten miedo a la soledad se vuelven emocionalmente dependientes de otros e incluso se vuelven inútiles con el fin de seguir necesitando al otro. Son los casos en que en una pareja uno hace todo por el otro, lo acompaña a todas partes, toma todas las decisiones y el otro descansa. Eso daña porque por querer ayudar a una pareja que hace menos, el que hace menos se manteniene en un lugar de inutilidad, no progresa y refuerza su creencia de no ser capaz de salir adelante solo.

Otras personas se mantienen en pareja, pese a no disfrutarlo, porque tienen hijos en común y necesitan compartir tareas, ya sea por tiempo o economía principalmente. En este caso, las parejas también pueden resolver qué hacer, si compartir una paternidad/maternidad desde lugares separados o bajo el mismo techo. Compartir la relación desde una mala actitud afecta directamente a los hijos. Ver a sus padres juntos pero maltratándose, les va a enseñar que estar en pareja es tortuoso, y esos hijos, sin darse cuenta, replicarán esos patrones con sus futuras parejas.

La pareja nos muestra en qué proceso estamos en determinado momento de la vida; por lo tanto, vamos a elegir a la pareja precisa en el momento correcto para nosotros, para aprender ese aspecto que nos queda por sanar.

Generalmente se dan tres opciones. La más favorable es que la persona sane lo que necesitaba sanar, su pareja también lo haga y continúen juntos en una relación satisfactoria para ambos. Otra alternativa es que sólo una de las dos personas sane, produciéndose una brecha entre ambos y la relación se termine. La última opción que mencionaré es que ninguna de las dos partes aprenda de esta relación y sufran juntos o por separado. Si mantienen la relación pueden llegar a dañarse cada vez más, aumentando su umbral de tolerancia al maltrato. Si terminan sin haber sanado lo pendiente, buscarán a una pareja similar para intentar aprender otra vez, y así puede perpetuarse el círculo vicioso si el aprendizaje no se alcanza.

A mi consulta llegan personas que tienen problemas de pareja, muchas veces no están casadas ni tienen hijos en común. Terminar esa relación sería aparentemente simple, sin consecuencias prácticas ni hijos involucrados. Pero se mantienen precisamente porque ninguno de los dos ha aprendido qué le hace bien, ni cómo llenarse a sí mismo, perpetuando una relación dolorosa por miedo a la soledad.

Es necesario despertar y enfrentar ese fantasma del miedo al vacío y a la soledad, descubrir qué creencias limitantes lo alimentan. Como por ejemplo: nadie más me va a querer/soportar, no merezco ser feliz, me conformo porque no hay más opciones, no sabría qué hacer si me quedo solo, ya estoy viejo, qué saco con cambiar de pareja si son todas iguales, etc.

Cuando se enfrenta el miedo se acaba el problema, la persona se fortalece y completa. La próxima vez que elija pareja, será alguien con quien no pueda replicar su patrón de relación tóxica pasada.

No repetir patrones tóxicos implica mantener la libertad de decidir por ti mismo. Si sanas te será inaceptable hacer lo que tu pareja te pide si va contra tus principios, permitir que interfiera negativamente en tu vida, alejándote de tus metas personales, amistades o de lo que sea que ames y te haga bien. Ya no abandonarás tus sueños o preferencias por cumplir con las expectativas de otro, simplemente vas a decir: » Basta, esta relación no me hace bien y no me sirve.» Podrás despedirte en paz luego de haber aprendido de esa experiencia cuáles son tus preferencias y límites.  No es necesario el rencor al terminar una relación, el otro no pudo dañarte realmente, el único que puede hacerte daño eres tú mismo al mantener una relación de maltrato.

El objetivo de estar en pareja, es que estando bien solo, con esta persona estés aún mejor. Estar en pareja es un lugar de amor, respeto, aprecio, compañerismo y varias virtudes más. No permitas que se convierta en sufrimiento por no enfrentar tus propios miedos y tus heridas del pasado. Esto depende de ti, no puedes pedirle al otro que haga tu trabajo, esto es personal y tienes el poder de cambiar, de sanar y de aprender a elegir.

 

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