Trasplante de Hígado donante vivo.

El amor ayudó a superar el dolor y le ganó al cáncer.

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LA HISTORIA DE JOCELYN BOBADILLA Y SU ESPOSO CRISTIÁN VERA, QUE DESAFIARON TODOS LOS DIAGNÓSTICOS ADVERSOS. EN EL AÑO 2010 COMENZÓ ESTA HISTORIA DE VIDA, UN TRANSPLANTE DE HÍGADO DE DONANTE VIVO FUE LA ÚLTIMA OPCIÓN PARA JOCELYN DONDE EN CHILE NO EXISTÍAN TANTAS HERRAMIENTAS MÉDICAS PARA SUPERAR EL DIAGNÓSTICO DE METÁSTASIS HEPÁTICA.

Con Jocelyn nos casamos en octubre de 2010 y sólo 4 meses después ella fue diagnosticada con cáncer de estómago con metástasis hepática, en ese entonces, los médicos del hospital San Borja Arriarán nos recomendaron acudir a la entonces Fundación Arturo López Pérez ya que ellos no contaban con los recursos adecuados para tratar el tipo de tumor que sospechaban tenía Jocelyn.

Tuvimos una primera consulta con los médicos de esa institución y acordaron tomar una decisión luego de un examen PET ( Tomografía por Emisión de Positrones) con Galio que determinaría el tamaño, ubicación exacta y tipo del tumor del estómago, el que luego de arrojar los resultados, determinó que Jocelyn debía operarse para extirpar alrededor de tres cuartos del estómago dado que el tumor tenía un diámetro de 9 centímetros.

Siempre tratamos de mantener una actitud positiva, sin embargo, la preocupación y el miedo a ratos eran inevitables, recuerdo que nos dejaron vernos en el pasillo cuando ella iba en la camilla camino al pabellón, le dije que estuviera tranquila, que todo estaría bien y que nos veríamos en un rato más (creo que es lo típico que se dice en esas situaciones), luego cuando entró a la sala y se cerró la puerta, no pude aguantar más el llanto, fue una angustia que nunca antes sentí.

Afortunadamente la operación salió bien pero ella sentía mucho dolor y yo sólo estaba preocupado de que le dieran más calmantes, iba a ser una noche muy larga y luego vendrían más consultas y los resultados de las biopsias que según nos dijo el médico luego de la cirugía, nos darían información más certera respecto del tipo de tumor que era y del tratamiento a seguir para la metástasis del hígado, de la cual no fue posible hacer nada en la cirugía ya que se trataba de muchos tumores pequeños ubicados en distintas partes del órgano.

Un par de semanas después de que Jocelyn fuera dada de alta, nos reunimos nuevamente con el cirujano quien nos habló de la posibilidad de realizar un trasplante de hígado para resolver la problemática de los tumores alojados en éste, sin embargo, esa opción se diluyó rápidamente, ya que, en ese entonces se determinó que no era viable debido al tipo de tumor detectado y que la única vía era administrar quimioterapia oral para atacar las lesiones.

Así fue como comenzamos a probar varios fármacos oncológicos para buscar el que mejores resultados diera en la tarea de reducir el tamaño y metabolismo de los tumores, sin embargo ninguno dio el resultado esperado y el volumen de los tumores hicieron que el abdomen de Jocelyn llegara a crecer hasta darle el aspecto de una mujer embarazada de casi 9 meses, lo que le provocaba fuertes dolores que ni los derivados de la morfina lograban calmar.

A mediados de 2014, el oncólogo tratante nos confirmó que los medicamentos no surtían efecto y que ya no había mucho más que hacer, que sólo nos quedaba “aprovechar el tiempo juntos”, el médico estimó un tiempo de vida menor a un año. Hoy al pensar en ello siento un golpe de angustia y dolor tal como si me pusieran en esa situación instantáneamente, recuerdo haber mirado a Jocelyn y verla bajar su cabeza en un llanto contenido, por mi parte, ese fue por lejos el peor y más aterrador momento de mi vida, pero inmediatamente pensé que debía dejar de lado mi angustia y contener a Jocelyn, darle ánimo y decirle que de alguna forma todo iba a estar bien. No sé si en algún momento logré contribuir en algo para que ella se sintiera mejor, pero como sea, la miro y no cabe en mi mente la valentía y resiliencia que ella mostró en todo momento, muchas personas se derrumban por cosas mucho más pequeñas, pero ella siempre estuvo de pie, fuerte, optimista y con esperanzas.

No nos resignamos y por alguna razón que desconozco, de alguna manera sentíamos que saldríamos de esta, ambos nos apoyábamos mutuamente, aunque muchas veces pienso y veo en retrospectiva que ella me levantó mucho más de lo que yo la levanté a ella, ella me consoló y me sostuvo mucho más de lo que yo fui capaz con ella. Nunca pensé que ella no estaría y de alguna manera, no sé cómo ni por qué, sentía que en algún momento encontraríamos una salida a esta pesadilla, sólo faltaba actuar, así es que decidimos acudir al equipo de trasplantes de la UC, a quienes habíamos visto 4 años antes de que se descartara esa posibilidad. Ellos evaluaron  a Jocelyn y antes de recurrir al trasplante, quisieron probar una última alternativa de medicamento el que finalmente mostró una reacción favorable, sin embargo, para ese entonces el avance de la enfermedad era demasiado como para que el cáncer se erradicara.

Al estar contra el tiempo para la opción de entrar a la lista de espera para un donante de hígado, me plantearon la posibilidad de ser yo mismo el donante, no lo pensé ni un segundo y acepté de inmediato, sabía que era nuestra única oportunidad, los médicos nos hablaron claramente de los riesgos tanto para ella como para mí, la estadística no era muy favorable, 70% de probabilidad de fallecimiento de Jocelyn tanto durante la cirugía como días después y 50% en mi caso, íbamos a ser los primeros en Chile en participar de esta cirugía, donante y receptor adultos y receptor con diagnóstico de cáncer.

Me hice el examen de compatibilidad y una serie de otros exámenes adicionales, incluidas entrevistas y exámenes con psiquiatra, todo para determinar que yo me encontraba en óptimas condiciones para soportar la cirugía y para que el injerto que donaría a Jocelyn estuviera en buen estado.

En marzo de 2016 se definió la fecha del trasplante para agosto o septiembre del mismo año, era necesario que Jocelyn se preparara y se alimentara adecuadamente ya que se encontraba con desnutrición al bajar la ingesta de alimentos a causa de sus malestares, debieron administrarle alimento por sonda nasofaríngea 24/7 para ayudarla a nutrirse, además de ajustar ciertos medicamentos.

Ese mismo mes di aviso en mi trabajo respecto de mi eventual período de licencia a partir de agosto o septiembre a causa de esta gran oportunidad que se había presentado de jugar nuestras últimas cartas para salvar a Jocelyn, esto con la idea de que ellos pudieran gestionar con anticipación alguna medida de reemplazo y así no verse afectados por la falta de un funcionario.  Dos semanas después me comunicaron mi desvinculación, el peor momento en el que un empleador le puede dar la espalda a un funcionario, el peor momento en el que alguien puede perder su trabajo. En fin, nuestro esfuerzos debían centrarse únicamente en que la cirugía tuviera éxito así es que seguimos adelante con ello.

Hasta que llegó el día, debíamos ingresar a hospitalización el 6 de septiembre, ya que al día siguiente a las 08:00 am ingresábamos a pabellones separados, cada uno con un equipo de cirujanos. Esa noche, estuvimos juntos hasta la hora en que debía irme a mi pieza a dormir. Nos sacamos una foto juntos con nuestros pijamas de clínica y conversamos un rato, dentro de todo, estábamos bastante tranquilos, es difícil describirlo porque en esa situación era inevitable sentir miedo, esa perfectamente podría haber sido nuestra última noche juntos, nuestra última foto, nuestra última conversación. Hoy al recordar esa noche no me explico cómo fuimos capaces de mantener esa tranquilidad, de no estar verdaderamente aterrados por lo que se venía al día siguiente, inexplicablemente yo sentía que todo iba a salir bien, de alguna manera no importaba cómo, ambos íbamos a estar bien al término del día siguiente.

Al día siguiente nos fueron a buscar temprano para ir al pabellón, nos juntaron en un pasillo, cada uno en su camilla, conversamos unos minutos, nos abrazamos y nos besamos con lágrimas en los ojos pero con la tranquilidad de que hasta ese momento habíamos hecho todo lo que estuvo a nuestro alcance, era el momento de la verdad, nuestra última carta, luchamos mucho para que se diera esa instancia, contra todos los obstáculos que se interpusieron, muchos médicos se opusieron a la realización de esta cirugía, por motivos éticos, por reputación e imagen (en caso de un fracaso), por lo riesgoso, etc. Afortunadamente el equipo a cargo encontró una salida muy inteligente para sortear esta resistencia y apelaron al enfoque de dar una mejor calidad de vida a Jocelyn debido al enorme tamaño de su abdomen, por sobre una alternativa curativa, así se aceptó por parte de los comités el que esta alternativa se concretara, todo esto sin contar con el hecho de que el estado de Jocelyn meses antes evidenciaba una extrema debilidad y desnutrición, la cirugía no podría llevarse a cabo si ella no era capaz de soportar esta misma y luego el post operatorio.

Cuando llegó el momento de irnos a nuestros pabellones, no queríamos usar la palabra “despedirnos” creo que ambos tuvimos cuidado en no mencionarla y nos dijimos que nos veríamos en un rato, que todo saldría bien. Cuando entré finalmente al pabellón se incrementó un poco mi temor, hasta que llegó el Doctor a cargo de mi cirugía, estaba tan tranquilo, me saludó y me dijo que todo iba salir muy bien, que estuviera tranquilo, claro, en una situación como ésa difícilmente esas palabras surtan algún efecto, sin embargo su voz y su actitud eran de tanto control de la situación que me transmitió mucha calma, hasta que me pusieron la mascarilla y me dormí.

Había una cosa que me preocupaba mucho ante de la operación y era que me mintieran respecto del real estado de Jocelyn durante y después de la cirugía, no quería que nadie intentara protegerme debido a mi estado luego de salir de la anestesia, obviamente esperaba que las cosas fuesen bien, pero si había alguna complicación, esperaba que me lo dijeran, que me dijeran siempre la verdad, así es que días antes hablé con mi mamá y le pedí que me cumpliera ese requerimiento, debido a su constante afán de sobreprotegerme aun siendo adulto y al no confiar mucho en su palabra debí ir más allá y advertirle que si algo iba mal y ella me lo ocultaba, yo no le hablaría nunca más. Afortunadamente no hubo necesidad de esconder nada, para cuando desperté, Jocelyn seguía en cirugía y mi mamá simplemente me transmitió lo que sabían hasta ese entonces, que iba todo bien de momento y que esperaban que la cirugía terminara pronto. Yo había despertado con un dolor horrible en mis talones, más fuerte que el dolor de la cirugía que apenas lo sentía, se me habían hecho escaras y sólo pedía que tuviesen cuidado con Jocelyn con ese detalle para que no tuviera el mismo dolor, no quería que sufriera ninguna molestia, había sido testigo de los dolores que sufrió en la cirugía de 2011 y ésta por ser mucho mayor imaginaba que sería peor en muchos aspectos y si podía advertir sobre este pequeño detalle no dudé en hacerlo, claro que como estaba desorientado y bajo los efectos de la anestesia dudo que me hayan tomado mucho en cuenta.

De ahí en adelante tengo muy pocos y vagos recuerdos, creo que me dormí luego de que alguien me dijera que la cirugía de Jocelyn ya había terminado y que había salido bien. Al día siguiente las enfermeras me decían que quizás el doctor me permitiría ir a ver a Jocelyn luego de que anteriormente me habían dicho que no podría ir hasta el día subsiguiente. Como vieron que me sentía bien y que podía caminar, sumado a las ganas que tenía de verla, me permitieron ir con cuidado y lentito, cuando finalmente llegué y la vi sentí una felicidad y un alivio indescriptibles, lo habíamos logrado, poco más de 24 horas antes pudo haber sido la última vez que la viera, que la abrazara y que escuchara su voz, afortunadamente no fue así y ahí estábamos de nuevo juntos, pude besar su frente y tomar su mano, ella no podía hablar pero con su mirada me dijo todo lo que necesitaba saber.

Me dieron de alta 5 días después y Jocelyn, dependiendo de su evolución debía quedarse unas tres semanas más, el doctor me dijo que no podía conducir antes de 4 a 5 días, no pude hacerle caso y sólo aguanté un día antes de tomar el auto e ir a verla, luego de eso fui todos los días, a veces me quedaba en la noche con ella. El post operatorio fue muy duro, la verdad es que pensábamos que lo peor había pasado con la cirugía pero no fue así, ella tuvo muchas complicaciones y lo pasó bastante mal, en un momento sentí que se estaba apagando y que se estaba rindiendo, era vital que comiera y que hiciera sus ejercicios pero su voluntad disminuía y su estado de ánimo decaía día a día hasta que se produjo un punto de inflexión en que un médico fue un poco duro con ella y la retó diciéndole que debía poner más de su parte, que habíamos llegado hasta este punto y sólo requeríamos que ella hiciera un último esfuerzo, sé que le molestó y se sintió muy mal por lo que el médico le dijo y hasta el día de hoy lo recuerda como algo desagradable, pero quizás de algo sirvió, ella ya no quería estar más hospitalizada y supo que mientras antes mejorara, antes se podría ir a la casa.

Jocelyn Bobadilla y su esposo Cristián Vera.

 

Hasta que llegó el día del alta y pudimos volver juntos a la casa, donde comenzó la nueva etapa que no fue mucho mejor, su recuperación tardó mucho más de lo que ambos esperamos y fue un tiempo de mucho dolor y angustia para ella, pero Jocelyn es la mujer más fuerte, más valiente y resiliente que conozco, logró sobreponerse, siguió luchando y nunca se rindió hasta el día de hoy, ya luego de 6 años de haber sorteado con éxito este desafío la vida nos brinda a ambos una nueva oportunidad y un nuevo capítulo en nuestras vidas que esperamos llevar adelante con éxito y el amor que nos une.

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