Has transitado desde la medicina asistencial hacia la comunicación gráfica en salud. ¿Qué tensiones o limitaciones del ejercicio clínico tradicional la impulsaron a “cambiar el fonendo por el dibujo” como herramienta principal de impacto?
Fue todo un proceso y hubo varios factores. Me llevó un tiempo. Llevaba años compaginando el mundo de la comunicación con la medicina asistencial. Pero fue al realizar un Máster en Ética Médica cuando me di cuenta de la inmensa carencia de material amable y gráfico para enseñar y aprender ética. Para mi la ética y la comunicación son patas tan esenciales de la medicina como la propia ciencia. Por otra parte, y a nivel meramente laboral, tras volver a España después de casi 18 años como médico de Urgencias en el NHS inglés, me sentí frustrada por las condiciones de trabajo, las guardias de 24 horas en Urgencias que ponían al límite mi resistencia física y psicológica pero que me planteaban el miedo de cometer un error grave cuando en mitad de la noche ya eres incapaz de razonar, de valorar riesgos con un cerebro a medio gas. Decidí entonces ensanchar mi carrera alternativa en comunicación médica a través de la Medicina Gráfica y cambiar mis herramientas. No he dejado de ser médico, sino que ahora ya no uso el fonendo sino las pinturillas, pero sin perder el foco en el enfermo. No receto fármacos sino cómics y no escribo informes clínicos, sino que creo infografías informativas. Mi objetivo es facilitar la comprensión, mejorar la comunicación, animar a la reflexión, aportar a la autonomía del paciente y poner en valor la ética…desde el color. He dejado de tener pacientes propios para dedicarme a aportar a la Medicina con mayúscula.

Desde tu experiencia, ¿cómo contribuye la medicina gráfica a mejorar la relación entre profesionales de la salud y pacientes, especialmente en contextos de alta complejidad emocional o ética?
De varias maneras. Para el paciente las patografías gráficas (cómics creados por autores que sufren esa enfermedad o por personas cercanas a ellos) contienen una cantidad de información impresionante sobre el afrontamiento de su problema, pero crean también un acompañamiento sobre cómo alguien que tiene su mismo padecimiento sale adelante. También las infografías que contienen información creada específicamente sobre enfermedades y detalles prácticos, son lenguaje claro y sin jerga pueden ser esenciales. Es importante recordar que la buena información es parte esencial de cualquier tratamiento.
Para los profesionales la lectura de patografías gráficas les recuerda que hay que saber ver al enfermo más allá de su enfermedad. Ver cómo se desarrolla una vida fuera de los minutos de consulta cuando se sufre una patología de su especialidad, aporta una nueva visión, más cercana, más humanista, más empática, práctica y muy útil. Además, estas novelas gráficas no están pensadas para los profesionales por lo que los autores se sienten muy libres en hacer críticas sobre actitudes que son comunes entre nosotros, como hablar de manera incomprensible, no ser empáticos, no mirar a los ojos etc. La riqueza de este tipo de críticas, bien canalizada es enorme. Un seminario basado en viñetas en las que aparecemos como profesionales carentes de empatía es un enorme revulsivo, muy útil. Lo llamo ponerse en los zapatos del paciente a través de viñetas.

Creo que es precisamente en áreas de alta complejidad y gran carga emocional donde la medicina gráfica tiene su nicho natural. Pongamos salud mental o final de vida, mi experiencia personal con mis dos últimos libros Salud Mental A Colores y Vivir Hasta el Final me lo han confirmado. El medio funciona.
La bioética es un eje central en tu trabajo. ¿Cree que el lenguaje visual permite abordar dilemas éticos con mayor profundidad o empatía que los formatos tradicionales? ¿Por qué?
La clave es que facilita la generación de escenarios virtuales en los que plantear situaciones con gran componente ético que son frecuentes y son reales y de esa manera facilitar la reflexión personal, pausada, sin presión y el debate de grupo.
Por ejemplo, pongamos que quieres explicar en clase en una facultad de medicina el concepto de confidencialidad. Puedes pasar un buen rato explicando su relevancia o cómo afecta a la relación médico-paciente, la teoría. Pero si en su lugar presentas un cómic con
una situación exprimida de la realidad en la que el estudiante puede explorar lo que pasa, dónde pasa, con la dinámica de un cómic, su expresividad, sus metáforas y su particular lenguaje, no solo va a entender mucho mejor la confidencialidad en términos prácticos, sino que, además, al entrar el componente emocional, lo va a retener mejor. Esto no es ya solo una teoría, sino que lo hemos demostrado con un proyecto de innovación docente en la Universidad de Zaragoza.
El cómic es un medio amable y fácil de entender lo que te coloca en una situación inmejorable para comprender y reflexionar temas muy complejos y donde se pone al paciente como centro del debate, del problema. La alternativa es utilizar partes de películas de medio sanitario que son fantásticas para la formación ética, pero el cómic permite una identificación del lector con los personajes más profunda y es más fácil y barato de crear.
Por otra parte, el poner a dibujar a los alumnos les traslada a un nivel diferente de su conciencia donde son capaces de analizar en mayor profundidad sus vivencias. Al dibujar te comprometes con tus propias ideas, no hay doblez.
En un escenario donde la desinformación en salud es creciente, ¿qué rol pueden cumplir las ilustraciones, infografías y cómics en la educación sanitaria de la población?
Teniendo en cuenta que vivimos en tiempos de imágenes, de sobreexposición a información y de redes sociales, creo que la clave es reconvertir todos esos hándicaps en oportunidades. Crear material sencillo, vistoso con mensajes claros, con textos en lenguaje popular y usar cada rincón para transmitirlo. Cada sala de espera sin una pantalla o sin posters en la pareces transmitiendo información de calidad es una oportunidad perdida. Lo mismo con las redes sociales profesionales e institucionales, una infografía, o un pequeño video-infografía de un minuto puede contener claves de salud y autocuidado.
Mi preocupación es que el medio sea más importante que el contenido y se acepte solo porque es “bonito”. Todo material de Medicina Gráfica, además de ser claro, atractivo y vistoso debe ser estricto con la evidencia científica que utiliza, los colorines no pueden ser excusa para la mala medicina. La calidad, el rigor y la credibilidad del material nunca debe faltar

Como impulsora del movimiento de medicina gráfica en el mundo hispanohablante, ¿cuáles son los principales desafíos para consolidar esta disciplina en la formación de profesionales de la salud y en los sistemas sanitarios?
Tenemos mucho camino por delante. Quizá la mayor barrera sea el inmenso prejuicio que sigue habiendo contra el cómic. Se continúa viendo como un medio infantil, algo under-ground y poco serio. Es importante que el medio sanitario se deje enganchar, empapar por las enormes posibilidades de la Medicina Gráfica. También estamos encontrando resistencia en el medio educativo. Ya hay universidades americanas con asignaturas de Medicina Gráfica, pero en Europa y en particular en España, la Universidad es reacia a la innovación, hay miedo a introducir “dibujitos”.
Vamos consiguiendo poco a poco y dando pasos cortos y seguros que los cómics tipo patografía gráfica y los libros gráficos de divulgación sanitaria sean cada vez más conocidos y apreciados. Desde el movimiento medicina gráfica, recientemente reconvertidos a la Sociedad Española de Medicina Gráfica (SEMGRAF) reseñamos novelas gráficas semanalmente (desde 2017) indicando sus posibles usos, hemos realizado ya cuatro congresos con gran presencia de colegas hispanoamericanos (para nuestro orgullo) y estamos en la IV edición de un exitoso Máster Universitario en Medicina Gráfica que es 100% on-line y en el que contamos con profesores y alumnos de todo el mundo.
Mi sueño personal es que en un futuro cuando se dice Medicina Gráfica, no haya que explicar lo que es, que sea una herramienta valorada en el medio profesional y académico, y que tenga su asignatura en las Facultades de Ciencias de la Salud. La aportación que pueden hacer los cómics, las infografías e ilustraciones al área de la salud y la enfermedad promete un largo y exitoso recorrido.