El estrés; una de las causas de deterioro en nuestro organismo y de nuestras relaciones.

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VIVIMOS EN UN MUNDO CADA VEZ MÁS EXIGENTE, TANTO A NIVEL PERSONAL, COMO FAMILIAR Y LABORAL, MUCHAS VECES POR EXPECTATIVAS AUTOIMPUESTAS Y OTRAS CULTURALES. ESTA SITUACIÓN, HA IDO MERMANDO LA TRANQUILIDAD DE LAS PERSONAS, SUMERGIÉNDOLAS EN UNA VORÁGINE DE COMPETITIVIDAD POCO SANA, DONDE SE  HA OLVIDADO LO QUE SIGNIFICA DESCANSAR, PARAR CUANDO ES NECESARIO O SIMPLEMENTE DETENERSE Y CONTEMPLAR LA PUESTA DE SOL. LAMENTABLEMENTE ESTAR CONSTANTEMENTE SOBRE EXIGIDOS, DESENCADENA UN DETERIORO IMPORTANTE A NUESTRO ORGANISMO.

En nuestro país, las patologías asociadas al estrés presentan altas tasas, fuentes gubernamentales  revelan que 41% de licencias médicas son por enfermedades mentales; depresión, ansiedad y estrés laboral siendo estas  las enfermedades más comunes en el trabajo y las causantes de la mayor cantidad de permisos. Si bien, este es un indicador que puede incidir en los niveles de productividad de cualquier organización, analizaremos el tema desde el punto de vista de la calidad de vida para la persona que sufre algunas de estas enfermedades, ya que en nuestro país, según estudios más del 80% de quienes trabajan manifiestan sentirse así.

El estrés propiamente tal no es negativo, es más es necesario para nuestra supervivencia; por ejemplo si vamos a atravesar la calle, y viene un auto muy rápido, una serie de hormonas y sustancias químicas se activarán para que nuestro nivel de alerta aumente al máximo y podamos acelerar el paso, y así no nos atropelle. Implicando un desgaste extra a nuestro organismo. Proceso útil y esencial, no obstante, la pregunta es ¿qué le pasa a nuestro cuerpo, si esta situación de alerta se convierte en permanente? Los estudios demuestran que frente a este exceso de alerta el organismo sufre un deterioro importante, ahí es donde entran las patologías asociadas, tanto físicas (dolor de cabeza, tensión o dolor muscular, dolor en el pecho, fatiga, cambios en el deseo sexual, malestar estomacal, problemas de sueño) como del estado de ánimo (ansiedad, agitación, falta de motivación o de concentración, agobio, irritabilidad o ira, tristeza o depresión) y en el comportamiento (comer en exceso o comer poco, arranques de ira, abuso de alcohol o de drogas, consumo de tabaco, retraimiento social y hacer menos ejercicio).

El origen o causa detonadora de  este estrés puede ser personal, familiar o laboral, ya que no todas las personas cuentan con las herramientas personales o sociales necesarias para poder abordar sanamente esta situación. Contar con ayuda profesional para analizarlo es cada vez más necesario, si es en forma temprana, aún mejor. Poder detenerse, analizar las causas, factores de riesgo y contrastarlo con las herramientas y factores protectores con los que la persona cuenta, puede hacer una gran diferencia en el bienestar y calidad de vida.

Pedir ayuda, siempre va a ser el primer paso, de cualquier transformación. Aprender de los síntomas tempranos y contar con mayor información sobre el tema, puede significar una gran diferencia a la hora de generar cambios profundos.

 

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