El poder de entender lo que siento.

Coaching para cada día.

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VIVIMOS EN UN MUNDO QUE PRIVILEGIA EL ENFOQUE RACIONAL SOBRE EL EMOCIONAL O EL CORPORAL. TENGO EL JUICIO DE QUE SE HA DEDICADO SISTEMÁTICAMENTE A ESCONDER LAS EMOCIONES. NO ES EXTRAÑO ESCUCHAR QUE LAS DECISIONES SE TOMAN CON LA CABEZA Y NO CON EL CORAZÓN. SIN EMBARGO, LAS EMOCIONES ESTÁN EN NOSOTROS Y EXISTEN POR ALGO.  ¿TE IMAGINAS EL PODER DE COMPRENDER POR QUÉ?.

Podemos entender las emociones como predisposiciones a la acción, las que se generan por un hecho particular. Es decir, y dicho en el español más sencillo, la secuencia es: Me pasa algo, tengo una emoción, luego quiero realizar una acción respecto de eso. Visto así, son respuestas que vamos a experimentar en algún momento ante un estímulo específico. Si pierdo algo que valoro, me pongo triste. Si siento que puedo perderlo en el futuro, tendré miedo. Si tengo un logro, sentiré alegría. Parece simple.

Simple… mis polainas. Lo siento, pero no puedo venir a vender humo. Las emociones no se presentan necesariamente de a una a la vez y, por si fuera poco, hemos aprendido a negarlas, y lo hemos aprendido muy bien. Es que, si nos observamos a nosotros mismos y a nuestros conocidos, nos daremos cuenta de que estamos llenos de juicios relativos a las emociones que nos alejan de habitarlas plenamente. Estar triste y llorar parece estar reservado únicamente a cuando muere un familiar, e incluso eso puede ser evitado. Según este juicio, llorar muestra debilidad y no me puedo dar el lujo de ser débil.

Tener miedo o rabia están dentro de las que popularmente reconocemos como emociones negativas, alejándonos de las posibilidades que éstas nos regalan. El miedo me cuida. Pregúntate por qué no cruzas esa avenida con luz roja a 100 kilómetros por hora. Ese proceso instintivo que me protege está ahí por algo. De igual manera, la rabia me permite decir ¡BASTA, esto no lo voy a soportar más! Eso es poner límites. Bienvenido el autocuidado. Sin rabia ni miedo, estoy listo para caer en todo tipo de trucos y manipulaciones.

Incluso, las malamente llamadas emociones positivas tienen juicios que evitan que las vivamos en plenitud. Me viene esa vieja frase que algún profesor dijo en voz alta en la sala de clases “La risa abunda en la boca de los tontos”, que nos distancia de la alegría.  Por otro lado, hacernos cariño desde la ternura, a nosotros o a los que queremos cuidar, o detenernos a mirar el horizonte a disfrutar de la belleza, pareciera ser una pérdida de tiempo en épocas en que lo importante se relaciona con esa -a mi juicio- mal entendida racionalidad.

La alegría nos da celebración y esperanza, la ternura genera seguridad en nosotros y nuestras relaciones y el erotismo nos conecta con el disfrute. Y recién pasé por las emociones básicas, ni hablar de la ansiedad, culpa, frustración, orgullo y tantas otras.

Si, lo comenté. No es simple, pero es completamente realizable y está a nuestro alcance. El primer paso es reconocer el hecho de que sentimos. Saber que el mundo emocional está ahí y es parte de mí. El segundo paso es lograr nombrar eso que siento y poder habitarlo. Entender a que me predispone y considerarlo en mi actuar. ¿Pueden visualizar a esa persona que llega a su casa llena de rabia por algo que juzga como injusto de su trabajo? ¿Y si llega en un estado en que no puede jugar con sus hijos ni compartir con su pareja? Complejo. Quizás, lo que haga falta es darse cuenta de que lo que tiene es rabia, que el origen es algo laboral, y que llevarlo a su casa podría estar generando otra injusticia… y más rabia.

Entender lo que sentimos es poderoso, ya que nos habilita para actuar tomando decisiones más conscientes, lo que implica ser cada día más libres.

1 comentario
  1. Mab dice

    Excelente Lalo!!!

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