La celebración como descanso y como esperanza.

Coaching para cada día.

1 10.016
SI HABLO DE CELEBRACIÓN, LO QUE PRIMERO VIENE A LA MENTE PODRÍA SER UN EVENTO RELACIONADO A SITUACIONES ESPECÍFICAS TALES COMO CUMPLEAÑOS, AÑO NUEVO, NAVIDAD. TENGO EL JUICIO DE QUE EN GENERAL LAS PERSONAS AMARRAMOS LA IDEA DE CELEBRAR A LA DE CONMEMORAR. ¿PERO CUÁNTO TE CELEBRAS A TI MISMO?

Una de las primeras cosas que noté al empezar a hacer coaching, fue que en las conversaciones que tengo desde este lugar suele aparecer como tema a trabajar la autoexigencia. Pareciera ser, desde mi observador, una especia de denominador común de los tiempos en que vivimos. Tenemos que lograr objetivos, uno tras otro, y tenemos que hacerlo bien. Ojalá destacar y ser los mejores. Luego comienzan a aparecer el estrés y la sensación de no ser suficiente. ¿Suficiente para qué?

¿Cómo entonces podemos vivir desde la exigencia constante? ¿Nos hace sentido tener que llegar y cumplir una meta tras otra? Resolver, resolver y resolver. Esa forma de proceder se me enreda si la miramos desde la ley de la escasez de la economía, que propone que las necesidades son infinitas y los recursos limitados. Si las necesidades son infinitas, entonces siempre habrá algo nuevo por qué exigirnos. No se ustedes, pero el sólo hecho de visualizarlo como estilo de vida, lo juzgo agotador. Ya, me voy a dormir. Mejor primero termino la columna.

Desde ese lugar, me aparecen varias distinciones, pero me quiero enfocar en una emoción: La alegría. Es que quizás uno de los puntos que no tenemos a la vista es qué sucede con nosotros mismos cuando vamos cumpliendo estas metas. Se me viene a la cabeza esos viejos juegos de video en que tenías un auto y debías llegar a determinados pórticos para poder seguir jugando. Hablo de la idea del oasis, ese espacio mítico en que en el protagonista de la película va encontrando tranquilidad en el medio del desierto, lo que le permite descansar y luego proseguir su camino, esperanzado. Es acá, donde la alegría juega un rol fundamental en nuestras vidas, puesto que es la emoción que nos predispone a la celebración. Nos conecta con la satisfacción y la esperanza en el futuro.

Hace un par de días conversaba con un emprendedor chileno cuya empresa se encuentra en pleno crecimiento. Él me decía que había detectado que sus ciclos de proyectos eran muy largos, por lo que las celebraciones eran escazas. Para enfrentar esa situación, dividieron los proyectos en estados de avances parciales que visibilizaban el avance, y por los cuales celebrar. El resultado fue un mejor ambiente y mejores resultados. Desde mi juicio, dejaron a la alegría y la celebración hacer su trabajo en el equipo.

La pregunta que cae por su propio peso acá es ¿Celebramos nuestros hitos? ¿Nuestros éxitos, sin importar su tamaño? Y me refiero también a esos pequeños momentos que identificamos como que nos hacen cosquillas, que nos generan alegría.

¿Cuándo fue la última vez que celebraste un logro? ¿Cómo lo celebraste? Ese almuerzo con la familia. La cerveza al final del día. Aquella conversación o ese abrazo entre los participantes. El asado en tu casa porque terminó un proyecto. Es que celebrar nos conecta con abrazarnos y agradecernos por haber estado disponibles en un proceso y nos muestra que, ya que se pudo antes, mañana también se va a poder.

Celebremos. Abramos la puerta a las celebraciones y no le tengamos miedo a hacernos cariño. Y tú ¿Qué celebras?

1 comentario
  1. Karina SOto Duarte dice

    Muchas veces uno se olvida de celebrar el poder estar aquí y ahora. Y cuando te das cuentas que se puede y que es maravilloso, comienzas a sonreír todos los días y aunque suene cliché, celebras la vida. Gracias

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