Una muerte lenta en la trampa de los manipuladores

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“SI TÚ ME QUISIERAS HARÍAS LO QUE TE PIDO.” “SI TU MADRE TE VIERA, SERÍAS LA VERGÜENZA DE LA FAMILIA.” “TÚ SIEMPRE SERÁS UN IDIOTA, YA ME LO ME HABÍAN ADVERTIDO…” Y ASÍ PODRÍA SEGUIR EJEMPLIFICANDO CON MUCHÍSIMAS FRASES, DESDE LAS MÁS BURDAS Y EVIDENTES, HASTA LAS MÁS ENCUBIERTAS Y PERVERSAS. ASÍ ES LA INTERACCIÓN CON UN(A) MANIPULADOR(A).

El(la) manipulador(a) es una persona que se victimiza y culpa al mundo por su creencia de merecer más de lo que tiene y el malestar que esto implica. Posee un alto egocentrismo que la lleva a la baja o nula empatía, dependiendo del grado patológico que alcance, dados por crianza, rasgos y estructura de personalidad. En los casos leves, el(la) manipulador(a) puede mejorar considerablemente su modo de interacción si toma consciencia de su error y realmente quiere cambiar para romper ese patrón nocivo de interacción.

Por otro lado, está el(la) manipulador(a) patológico, también narciso, tan peligroso que puede llevar al suicidio de la víctima. Operan sigilosamente desde las sombras y te van atrapando lentamente, fingen depender de ti y de tu “integridad moral”, evitando la responsabilidad de hacerse cargo de sus propias vidas. Van manipulando con maestría los hilos de tu voluntad, habiendo identificado hábilmente tus vulnerabilidades. Van generando caos en tus pensamientos y emociones para debilitarte, y usarte, violando tu libertad hasta quebrar tu voluntad. En ese momento, te has convertido en esclavo(a), asumiendo la posición ideal para satisfacer la manipulación de una mente retorcida.

A lo anterior, es necesario agregar, la potencia de la fuente; es decir, la importancia que tenga para ti el(la) manipulador(a). Los primeros encuentros con estos seres suelen producirse en la infancia, momento en que el(la) niño(a) aún no ha desarrollado las herramientas para lograr una autoestima sólida. Es altamente probable que sus padres vengan de familias manipuladoras y repitan el patrón, en el mejor de los casos sin darse cuenta, y en el peor, como un nocivo acto de “justicia reparadora” distorsionada. En este punto surge un gran dolor, personas tan dañadas que ya no pueden amar a sus padres, hermanos u otro pariente cercano, provocándoles doble culpa: sufrir por aguantar el maltrato y sufrir por no permitirse repudiar al maltratador, es una prisión tortuosa que puede llevar a la depresión y en casos extremos al suicidio. No amar a los parientes cercanos es válido y puede resultar muy liberador, el amor se cultiva y se gana. Muchas veces, lo más sano, según la severidad del daño, es cortar vínculos de manera parcial restringiendo el contacto a espacios y ocasiones delimitadas, o bien, de manera permanente.

A los(las) hijos(as) de estas familias le cuesta decir no a lo largo de su vida porque sienten culpa de “herir” sentimientos ajenos, tal como se los hicieron ver en casa, y el miedo a desagradar a la “autoridad” también los inhibe, ya que ellos(as) crecieron sintiéndose seres de segunda categoría.

En términos prácticos, para reconocerlos, hay varias señales, nombraré aquí las más significativas:

  • Dividen para gobernar: mienten, te hablarán mal de otros y a otros les hablará mal de ti, rompiendo relaciones, su objetivo es controlar a cada uno por separado. Si las víctimas abren el tema y lo descubren, el(la) manipulador(a) pierde su poder. En este punto es fundamental la asertividad para aclarar los comentarios intrigantes directamente con quien supuestamente los dijo, desde una postura abierta a conocer otra verdad y juzgar su veracidad por sí mismo(a).
  • Es hipócrita: cambia de opinión y sentimientos constantemente según las personas o situaciones en las que se encuentre. No se hace cargo de sus opiniones, busca que otro diga lo que él(ella) quiere decir y al confrontarlo(a) se desentiende.
  • Confunde: su discurso parece lógico, pero sus actos o forma de vivir no son coherentes a este. Además de la lógica, recurre a la moralidad para manipular y no hará lo que le pides pese a decirte que sí lo hace, argumentando que “tú no te das cuenta”. Sumemos a esto que no querrás discutir porque este personaje no soporta la crítica y niega la evidencia.
  • Se victimiza: terminas haciéndole favores por compromiso y no por gusto, se muestra desvalido(a) y/o celoso(a) si no le das prioridad al escucharlo(a), acompañarlo(a), etc. Se considera más importante que tú, desconsiderando tus derechos, necesidades y deseos.
  • Es cruel: te hace creer que debes ser perfecto(a), que no debes cambiar de opinión (una vez que te has comprometido a hacerle un favor) y que tu integridad se basa en responder inmediatamente a sus peticiones y preguntas. Juzga y pone en duda tus cualidades y las de los demás, desvaloriza y se muestra superior al resto. Como último recurso amenaza de forma encubierta o llega al chantaje abierto.
  • Como dato adicional, es común hablar de esta persona cuando no está presente.

Hay muchas características más, sé que se está alargando el articulo y no quiero aburrirte, pero debo decirte algo más que te resultará muy útil para identificarlos, no sólo a los manipuladores patológicos, si no que también a los que tienen rasgos modificables y con los que puedes relacionarte tranquilamente tomando precauciones.

Como manipulan con la culpa y la moralidad, y piden más información de la que dan para controlar y no comprometerse, la estructura de sus preguntas los(las) delatan, aquí te dejo algunas:“SI… (tú me quisieras/ tú fueras una buena madre/ yo te importara/ tú fueras un buen hijo, etc) HARÍAS esto por mí (o por los niños o por quien te resulte significativo/ aquí las peticiones son diversas, desde que sientas algo hasta pedirte dinero prestado que en la mayoría de los casos no recuperarás.) La estructura es: condicional + culpa emocional o moral + petición egoísta (no respeta tu voluntad).

Cómo contramanipular: “Si tú me quisieras respetarías mis derechos, te importaría que yo fuera feliz y no me pedirías que haga algo que no quiero (o que me hace mal).” La estructura se replica traspasando la responsabilidad al manipulador y dando vuelta sus argumentos con fundamento lógico, tal como él(ella) lo hace.

  • “¿Dónde estás?” “¿A qué hora vuelves?” “¿Ya te pagaron?” “¿Vas a usar el auto esta noche?” Son preguntas que buscan información sobre ti sin entregarte el contexto para responder, dándole el control al(la) manipulador(a).

Cómo contramanipular: haciendo preguntas a sus preguntas hasta que se vea forzado(a) a contestar y no dando información adicional. Devolverles un “¿Por qué?” es bastante efectivo.

A grandes rasgos, para salir de las redes de los(las) manipuladores(as) debes fortalecer tu autoestima, identificando de dónde provienen culpas y miedos irracionales, aprendiendo a identificar y a cuestionar creencias limitantes, desarrollando una comunicación asertiva y practicando técnicas de contramanipulación para poder negarte y no quedar resentido(a) contigo mismo(a). Si quieres mejorar en esto, te invito a trabajar juntos(as) en mis talleres a favor de la libertad y en contra de la manipulación.

 

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