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El tiempo también es un recurso clínico

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LA CONVERSACIÓN SOBRE INNOVACIÓN EN SALUD SUELE CONCENTRARSE EN LOS GRANDES AVANCES TECNOLÓGICOS. INTELIGENCIA ARTIFICIAL, TELEMEDICINA, CIRUGÍA ROBÓTICA, MEDICINA PERSONALIZADA O NUEVOS DISPOSITIVOS DIAGNÓSTICOS OCUPAN BUENA PARTE DEL DEBATE. SIN EMBARGO, EXISTE UN DESAFÍO MUCHO MÁS SILENCIOSO QUE ATRAVIESA HOSPITALES, CLÍNICAS Y CONSULTAS PRIVADAS, Y QUE RARA VEZ OCUPA TITULARES: LA CRECIENTE CANTIDAD DE TIEMPO QUE LOS PROFESIONALES DE LA SALUD DESTINAN A TAREAS ADMINISTRATIVAS.

No es un problema menor, cada minuto invertido en coordinar procedimientos, revisar documentación, responder correos, validar prestaciones, hacer seguimiento de pagos o conciliar información es un minuto que deja de estar disponible para atender pacientes, investigar, enseñar o, simplemente, descansar. En un sistema donde el tiempo clínico es uno de los recursos más escasos, la eficiencia ya no puede medirse solo por el número de consultas realizadas o la incorporación de nuevas tecnologías. También debe evaluarse por la capacidad de liberar a los equipos de salud de procesos que agregan poco valor asistencial.

Esta realidad ha comenzado a llamar la atención de organizaciones médicas y centros de investigación en distintas partes del mundo. La American Medical Association advierte que, pese a la disminución observada en algunos indicadores de agotamiento profesional durante los últimos años, la carga administrativa continúa siendo uno de los principales factores que afectan el bienestar de los médicos y su permanencia en los sistemas de salud (American Medical Association [AMA], 2025). No se trata únicamente de un problema de satisfacción laboral; también tiene implicancias en la continuidad de la atención, la productividad clínica y la sostenibilidad de las organizaciones sanitarias.

La evidencia científica apunta en la misma dirección. Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine, basado en datos de la National Electronic Health Records Survey, estimó que muchos médicos dedican, en promedio, 1,77 horas adicionales al término de su jornada para completar registros clínicos y otras tareas administrativas asociadas al uso de sistemas electrónicos. Los autores concluyen que este trabajo «invisible» reduce el tiempo disponible para actividades clínicas y contribuye al desgaste profesional (Arndt et al., 2022).

Lejos de ser una realidad exclusiva de Estados Unidos, el fenómeno refleja una tendencia observada en distintos sistemas de salud: a medida que aumentan las exigencias regulatorias, financieras y de trazabilidad, también crece la complejidad de la gestión que rodea al acto médico. Paradójicamente, muchas de esas tareas siguen realizándose mediante procesos fragmentados, plataformas que no se comunican entre sí o herramientas creadas para resolver problemas puntuales, pero no para acompañar el flujo completo del trabajo clínico.

Por ello, algunos especialistas sostienen que la próxima gran transformación digital no estará necesariamente en el diagnóstico o en el tratamiento de enfermedades, sino en la forma en que se organiza el trabajo cotidiano de los equipos de salud. La tecnología comienza a desplazarse desde el ámbito estrictamente clínico hacia la gestión de procesos, buscando reducir fricciones, automatizar tareas repetitivas y mejorar la coordinación entre los distintos actores que participan en la atención.

No es casualidad que esta visión esté ganando terreno. Una revisión publicada en el Journal of the American Medical Informatics Association identificó una relación consistente entre la sobrecarga derivada de los registros electrónicos, el incremento del trabajo fuera del horario habitual y mayores niveles de carga cognitiva y agotamiento profesional. Los autores plantean que el desafío ya no consiste únicamente en digitalizar procesos, sino en diseñarlos para que realmente apoyen el trabajo clínico y no se conviertan en una nueva fuente de complejidad (Yan et al., 2021).

La discusión, por tanto, ya no gira exclusivamente en torno al uso de más tecnología, sino al uso de mejor tecnología. Digitalizar un proceso ineficiente no resuelve el problema; simplemente traslada la burocracia desde el papel a una pantalla. La verdadera innovación aparece cuando la tecnología desaparece del primer plano y permite que la gestión ocurra de forma casi imperceptible, entregando información oportuna, automatizando tareas repetitivas y reduciendo la carga operativa que recae sobre médicos y equipos administrativos.

Mario Parra H. Socio y CEO, Paymed SpA – www.paymed.cl

Ese cambio de paradigma comienza a observarse también en Chile. Durante los últimos años han surgido soluciones desarrolladas para responder a necesidades muy específicas del ecosistema sanitario, como la coordinación de procedimientos quirúrgicos, la trazabilidad financiera o la gestión integral de honorarios médicos. Más que reemplazar el trabajo de los profesionales, estas plataformas buscan simplificar procesos que históricamente se han resuelto mediante planillas de cálculo, cadenas de correos electrónicos o aplicaciones de mensajería, facilitando una administración más ordenada y transparente.

Para Mario Parra, socio y CEO de Paymed, el problema trasciende la eficiencia administrativa. «Durante años hemos visto cómo muchos médicos terminan destinando horas de su semana a buscar información que debería estar disponible de forma inmediata. Ese tiempo tiene un enorme valor, porque no solo afecta la gestión de sus ingresos; también es tiempo que dejan de dedicar a sus pacientes, a su formación o, simplemente, a su descanso. La tecnología debiera hacerse cargo de esa carga operativa para que el médico pueda volver a concentrarse en aquello para lo que realmente fue formado: ejercer la medicina».

El impacto de estas herramientas va más allá de la eficiencia. Un estudio multicéntrico publicado recientemente en JAMA Network Open evaluó el uso de asistentes digitales para apoyar la documentación clínica y observó una reducción significativa de la carga administrativa percibida, menores niveles de agotamiento profesional y una mejor valoración de la experiencia tanto por parte de los médicos como de los pacientes (Bates et al., 2025). Aunque estas tecnologías continúan evolucionando, los resultados apuntan hacia una conclusión compartida por numerosos investigadores: liberar tiempo clínico también es una forma de mejorar la calidad de la atención.

Durante décadas, la innovación en salud se ha medido por la capacidad de desarrollar mejores tratamientos o incorporar equipamiento más sofisticado. Ese seguirá siendo un objetivo esencial. Pero quizá uno de los cambios más profundos de los próximos años no ocurra dentro de un pabellón quirúrgico ni en un laboratorio, sino en la posibilidad de devolver a los profesionales aquello que hoy parece escasear más que cualquier otro recurso: el tiempo para ejercer la medicina.


Referencias:
American Medical Association. (2025). Physician burnout rates are falling, but administrative burden remains a major challenge. https://www.ama-assn.org/press-center/ama-press-releases/ama-physician-burnout-rates-are-falling-specialty-gaps-remain
Arndt, B. G., Beasley, J. W., Watkinson, M. D., Temte, J. L., Tuan, W. J., Sinsky, C. A., & Gilchrist, V. J. (2022). Tethered to the EHR: Primary care physician workload assessment using electronic health record event log data. JAMA Internal Medicine. https://jamanetwork.com/journals/jamainternalmedicine/fullarticle/2790396
Bates, D. W., et al. (2025). Association of ambient artificial intelligence scribes with clinician burnout and patient experience. JAMA Network Open. https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2839542
Yan, Y., et al. (2021). Electronic health record–related burden and burnout: A systematic review. Journal of the American Medical Informatics Association, 28(4), 804–813. https://doi.org/10.1093/jamia/ocaa325
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