La lentitud exasperante del Agresivo-Pasivo

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¿AL SALIR A COMER, HAS SENTIDO QUE EL GARZÓN PRETENDE MIRAR PARA OTRO LADO PARA NO ATENDERTE? ¿CONOCES A ALGUIEN QUE FRECUENTEMENTE SE DEMORE EN SALIR O QUE SUELA LLEGAR TARDE A TODOS LADOS Y SUS “OLVIDOS” SEAN RECURRENTES? ¿HAS TENIDO UNA PAREJA QUE USUALMENTE HAYA DEJADO LA TOALLA DE DUCHA EN EL PISO O QUE NO HAYA CASO DE QUE CIERRE LA TAPA DEL WC, PESE A HABERLE PEDIDO LO CONTRARIO? SI TU RESPUESTA ES AFIRMATIVA, ESTUVISTE EN PRESENCIA DE UN AGRESIVO-PASIVO, SU INTENCIÓN ES HACERTE ENOJAR SIN PELEAR ABIERTAMENTE CONTIGO.

El Agresivo-Pasivo es una persona que se caracteriza por no cumplir compromisos y por una lentitud generalizada para concretar. Es amable, accede a peticiones y descoloca por no cumplir, produciendo la incómoda sensación de que no tienes argumentos para enojarte con alguien de tan “buena voluntad”.

Estas personas tienen un conflicto de atracción-repulsión con las figuras de autoridad, por un lado las necesitan por sentirse débiles y buscar protección, y cuando las tienen cerca, se alejan porque no soportan sentir restringida su libertad. Para no perder esta protección no se revelan pero agreden pasivamente con su incumplimiento y lentitud (agresión pasiva). Su sensación de debilidad los lleva a no hacerse cargo y a culpar al mundo de su desgracia, como por ejemplo: atribuir una ruptura amorosa exclusivamente a la pareja, un despido del trabajo a un mal jefe o una mala nota al profesor.

Ellos provienen de familias ambiguas afectivamente, en que los padres mostraban contradicción entre lo que decían y hacían; como por ejemplo, promover la igualdad entre hermanos y mostrar preferencia por uno de ellos. Sumemos a esto, una autoridad explotadora, en que las normas se imponían arbitrariamente (“porque sí”) y no por una razón lógica que justificara el bien del niño. Este patrón Agresivo-Pasivo, se da en ambos sexos y predomina en hombres.

Para relacionarse, eligen a personas culposas que buscan hacerse cargo de los demás, autoexigentes, responsables, muy capaces (por ejemplo, la mujer que asume el rol de madre de su marido), que toman la conquista como un reto personal y que temen a la soledad.

Por otro lado, también representan una relación cómoda si no se quiere compromiso, ya que interactúan en un constante tira y afloja, de acerarse cuando no se los busca y de alejarse cuando se los busca.

Sus características se presentan en distintos grados y todos podemos tener algo de ellas en alguna ocasión. Estas personas están entre nosotros y tenemos que relacionarnos con ellas. En este punto se produce una distinción importante entre los roles que asuma. Si el Agresivo-Pasivo es un(a) hijo(a) el contacto será inevitable y ayuda recurrir a técnicas de manejo psicológico, como modificar la percepción de la autoridad, aprender a manejar límites sanos y reconocer los derechos propios y de los demás. Si es un pariente (hermano, padre, madre, etc), restringir el contacto a lo afectivo y no delegar en ellos. Si es un(a) colega, no tomar su indolencia como un ataque personal y delegar en él(ella) aspectos que sólo lo(a) afecten personalmente para forzarlo(a) a hacerse cargo. Si es una amistad, quererla como es y tener claro que la puntualidad y el cumplimiento en general no son lo suyo; aquí recomiendo citarlos a encuentros grupales donde su atraso sea irrelevante, recuerda que son encantadores(as) y aportan relajo al grupo, no se “harán cargo” de discutir.

¿Qué pasa si esta persona es tu pareja? En este ámbito se acentúan los problemas ya que en las relaciones de pareja el amor baja las defensas y deja expuestas vulnerabilidades traídas desde la infancia, es la razón de la intensidad de estas interacciones. Para relacionarse en estos casos sugiero tres opciones:

1.- Con paciencia extrema, cuidándolo(a), aceptándoselo todo, haciéndose cargo de todo y asumiendo que deberás estar disponible cuando tu pareja te busque y no podrás contar con ella cuando la necesites.

2.- Exigiéndole madurez, no desgastándote en convencerlo(a) de que cumpla sus promesas, no delegando, no sintiéndote culpable de sus problemas y no respondiendo a sus provocaciones. Si teme perderte buscará ayuda psicológica, y si no soporta la presión, buscará a alguien que sí lo(a) aguante. Las parejas en esta situación se ven como una persona agradable, algo victimizada, a veces coqueta, acompañada de una pareja rabiosa y malhumorada, una dupla a simple vista dispar, sin imaginar que uno está disfrazado de amabilidad y el otro ya ha pasado muchos malos ratos.

3.- Dejar la relación, esto lo recomiendo cuando es una nueva relación, cuando aún no estás involucrado(a) y todavía puedes pensar con objetividad. Ten claridad sobre tus roles, eres pareja y no cuidador(a), no te resignes al rechazo ni te sigas desgastando en creer promesas inútiles. Identifica tus fuentes de apego no aceptes lo que no te agrada para evitar la soledad. Recuerda que en una mala relación puedes sentirte más solo(a) que sin pareja, y esa soledad duele más.

Si te interesa este tema, te invito a mi ciclo de talleres de Relaciones Tóxicas para aprender más sobre este estilo afectivo, y varios otros, y a una actividad guiada para reflexionar sobre qué te atrae de estos personajes, qué los atrae a ellos de ti y así poder romper patrones dañinos de interacción.

 

1 comentario
  1. Marcela dice

    Muy interesante el artículo. Conozco a algunas personas así.

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