Los problemas nutricionales que afectan a nuestros infantes y adolescentes.

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LOS PROBLEMAS NUTRICIONALES A NIVEL DE POBLACIÓN HAN IDO VARIANDO EN EL TIEMPO,   DEBIDO BÁSICAMENTE A QUE LOS FACTORES QUE DETERMINAN LA CONDUCTA ALIMENTARIA SON MÚLTIPLES Y TAMBIÉN DINÁMICOS. ESTOS SE PUEDEN CLASIFICAR EN DOS GRANDES GRUPOS: FACTORES RELACIONADOS CON LA DISPONIBILIDAD Y CON LA ELECCIÓN DE LOS ALIMENTOS.

En relación a la disponibilidad se describen las políticas públicas, la economía, el clima, las tradiciones, las características geográficas y las infraestructuras de las conexiones.  La elección de los alimentos está determinada por los niveles de salud y nivel educacional, y en especial por la educación nutricional, derivada del marco familiar con sus preferencias alimentarias, filosofías de vida, marco social dado por el costumbrismo, la publicidad y el impacto del mundo laboral y educacional.

La disponibilidad de los alimentos es muy relevante, pero difícil de controlar por las personas; en cambio la elección está directamente relacionada con las personas.

La forma como una persona se alimenta responde  al marco familiar de las preferencias alimentarias y al  hábito horario impuesto por los establecimientos educacionales.

El desequilibrio entre estos determinantes de la conducta alimentaria ha impactado en un incremento sostenido del sobrepeso, obesidad y en trastornos de la conducta alimentaria,  como la anorexia nerviosa y la bulimia.

Los estilos de vida que hemos desarrollado estos últimos años  son respuesta a todas estas variables, que han transformado las conductas de las personas no solo en el ámbito de cómo se alimenta, sino además en la práctica de actividad física y la pérdida del significado que tiene alimentarse en compañía de otras personas, como poder tener un espacio para compartir.

Como sociedad hemos destruido una serie de costumbres  que antes eran habituales tales como tomar desayuno en familia, almuerzo con comida casera, tomar once en la hora de once y la comida en la noche en familia.

Parece muy extraño  tener que indicar como prescripción médica la necesidad de contar con un desayuno, una colación, un almuerzo, una once y una comida. Sin embargo el solo hecho de ordenar estos clásicos patrones, contribuye a corregir muchos de los problemas nutricionales.

También el hecho de haber incorporado como normal el uso de alimentos preparados sin tener  conocimiento de lo que estamos incorporando a nuestro cuerpo. Ha sido otro factor relevante que se debe  corregir, para lo cual últimamente estamos tomando conciencia,   al contar con  sellos que advierten sobre sus contenidos.

Cuando se estudia a los pacientes sobre cómo llegaron a desarrollar un sobrepeso u obesidad, nos encontramos con un perfil bastante común: no toman desayuno, es decir no “rompen” el ayuno; efectúan dos o más colaciones en la mañana, un almuerzo aparentemente adecuado, un picoteo no estructurado en la tarde y una “once” a la hora de la comida.

Este desorden que pareciera fácil de corregir, no lo es, pues las familias desarrollan dinámicas que no lo facilitan por factores de horarios laborales y escolares  o simplemente porque no están realmente interesados en cambiar de rutinas.

También en esta área la conducta de los escolares y sus preferencias relacionadas con el tipo y forma de preparar el alimento son cada día más exigentes y variadas, lo que dificulta el poder reformular un hábito de alimentación del grupo familiar.

Un factor muy relevante es el poder adquisitivo de las familias en relación a la calidad de los alimentos, pero aun así, con escasos presupuestos destinados a la alimentación,  bien administrado se puede formular una dieta balaceada y variada. Para lograr este objetivo se requiere de  educación alimentario nutricional a las familias, en los curriculum de estudio y en los proveedores de alimentos, en los lugares de trabajo, escuelas y universidades.

Los problemas nutricionales por exceso,  son los más alarmantes por su sostenido incremento y dado que son observables y medibles deberían ser fáciles de asumir, pero en la práctica uno observa que la percepción de sobrepeso se ha modificado desde la apreciación visual, encontrándose comúnmente que los padres, madres, abuelos, etc, consideran que los escolares con sobrepeso, están normales y los verdaderamente normales están con bajo peso. Aún se mantiene la creencia que los escolares por estar en fase de crecimiento necesitan un mayor aporte de energía, creencia que, estando correcta, genera un problema cuando el incremento  duplica e incluso triplica lo que realmente se necesitaría.

Existe una gama de otros problemas nutricionales que no se manifiestan a través de la observación y se requiere de mediciones bioquímicas para su detección. Actualmente,  como se ha incorporado la importancia de estas mediciones,   estamos encontrando mayor frecuencia de déficit de hierro, vitamina B12 y vitamina D.

Los déficit de estas vitaminas se pueden explicar por múltiples causas; entre ellas  que los exámenes para medirlos actualmente están disponibles- El déficit de vitamina B12 por el incremento de población vegetariana y vegana y mayor población con trastornos digestivos inflamatorios que alteran su absorción. El hierro también se ha visto comprometido con el incremento de las personas que deciden ser vegetarianas o veganas, suspendiendo la ingesta de las carnes y centrando la dieta en alimentos vegetales, cuyo hierro por ser vegetal tiene solo un 20% de absorción a nivel intestinal; además la disminución del uso de limón natural disminuye la absorción de hierro vegetal, pues la vitamina C es esencial para mejorar su absorción en el intestino.

El déficit de vitamina D se ha vinculado a descenso en el consumo de algunos alimentos  y a la falta de exposición al sol, ya sea por uso de bloqueadores solares o por  aumento de  permanencia de los escolares dentro del hogar debido a  uso de video juegos y  de teléfonos celulares.  El  cuerpo humano después de tomar sol (no en exceso) genera vitamina D. Otra forma de incorporarla es a través de algunos alimentos como la leche, yema del huevo, pescados de agua salada e  hígado, alimentos que paulatinamente han sido eliminados de las dietas habituales de las personas. Para evitarlo,  la tendencia actual es indicar tomar sol 15 minutos diarios y aumentar el consumo de alimentos antes mencionados, aunque muchas veces es necesario suplementarla en forma transitoria.

El masivo acceso a la información entregada por internet y uso de redes sociales, ha contribuido en nuestros escolares a adoptar cambios en sus hábitos alimentarios muchas veces nocivos para su desarrollo y crecimiento y por ende para su salud. Mucha de la información ahí mostrada, no tiene evidencia científica real, pero si un fuerte impacto en las conductas que adoptan.

Tratando de tener una mirada más optimista del problema, nuestra población ha ido mejorando su nivel educacional y ha tendido a desarrollar un interés por la vida saludable. Lamentablemente, desde esta perspectiva, no todas las personas tienen el mismo grado de interés ni conciencia verdadera de efectuar ajustes o cambios en su conducta de hábitos de alimentación saludable.

Por lo tanto, los equipos de salud y los encargados de la promoción de hábitos saludables, deben aplicar estrategias específicas para los distintos estados de intencionalidad de cambio. En este tema Prochaska y Di Clementi, estudiaron hace muchos años el paso  por diferentes estados de intencionalidad de cambio  de conductas en las personas, pasando desde una etapa de pre-contemplación a las siguientes de contemplación,  preparación,  acción y  mantenimiento. Para cada una de estas etapas las  estrategias a utilizar son diferentes. Los objetivos a lograr en una persona que se encuentra en etapa de pre-contemplación es conseguir que incorpore conscientemente los riesgo que sus malos hábitos pueden generarle. El que esté en contemplación, que ya conoce los riesgos, el objetivo es estimularlo a pensar en realizar un cambio, mientras tanto la familia juega un rol muy relevante en proporcionarle un cuidado y alimentación sana. Cuando llegue a una etapa de preparación, es cuando más rendimiento tienen las intervenciones educativas, pues comienzan a manifestarse las necesidades de demostrar autonomía. Una vez en la etapa de acción, significa que ya está consciente de asumir correctamente las indicaciones que lo llevarán al objetivo general. En esta etapa es de suma importancia que el apoyo se intensifique, dado que es cuando se producen la mayor parte de los fracasos; pero una vez superada  esta etapa viene el momento de demostrar que se es capaz de mantener en el tiempo lo adquirido y avanzado.

Un porcentaje importante de las personas puede tener dificultades en mantener la conducta saludable y  haber un retroceso, razón por la cual el control profesional se debe mantener en forma prolongada, estimulando y motivando a las personas a seguir avanzando hacia la consolidación de los objetivos.

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