Educar en solidaridad

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POSTERIOR AL FALLECIMIENTO DEL PADRE HURTADO, CADA AGOSTO EN NUESTRO PAÍS SE CONMEMORA EL MES DE LA SOLIDARIDAD. FUE EL MISMO SANTO QUE DECLARÓ QUE EL SENTIDO SOCIAL ES AQUELLA CUALIDAD QUE NOS MUEVE A INTERESARNOS POR LOS DEMÁS, A AYUDARLOS EN SUS NECESIDADES Y A CUIDAR DE LOS INTERESES COMUNES.

Es así como este valor fundamental que nos invita a salir al encuentro del otro, especialmente al vulnerable y más necesitado, debe ser fomentado e impulsado desde las edades más tempranas. Estaremos de acuerdo que las familias y su entorno son los primeros contextos de desarrollo de las personas, sin embargo los colegios tienen un rol fundamental, no solo en el aprendizaje curricular sino en el desarrollo orgánico de sus alumnos con énfasis en el desarrollo personal y social, incluyendo la dimensión espiritual, ética, moral, afectiva y física de la persona.

En los colegios y escuelas es donde nuestros niños y jóvenes encontrarán espacio para el desarrollo de sus aptitudes y talentos, instancias para llevar a cabo sus sueños y proyectos, además de referentes, docentes y compañeros, que los acompañen en sus cruzadas.

Es en este lugar desde donde debemos gestar una formación orgánica de los estudiantes, lo que significa ver el universo como un todo, caminando hacia la integración, y la solidaridad entendida como el fin último en el desarrollo del ser humano.  Los colegios deben situarse en la vereda que se debe educar para servir en la sociedad, conociéndola desde su realidad social, para que reconozcan en ella las necesidades, como posibilidad de respuesta personal y construcción de un nuevo orden social.

La implementación de acciones que muevan a los estudiantes a una actitud solidaria, no debe ser afectada por sesgos o limitaciones a la creatividad, sino que debe tener siempre en cuenta las etapas y estados de desarrollo de los estudiantes. Cuando enseñamos a párvulos la importancia de ayudar a sus compañeros, de estar dispuestos a compartir y tratar con respeto a todas las personas, estamos germinando este valor fundamental en su interior, el que seguramente con el tiempo brotará en capacidades, habilidades e intereses que podrán significar acciones que apunten hacia una verdadera solidaridad social.

Durante este año he podido ver cómo jóvenes estudiantes, organizándose en diferentes comunidades (centros de alumnos, pastorales juveniles o cursos) se han dispuesto a regalar su tiempo, pero sobre todo sus talentos para ir a ayudar al más necesitado, construyendo o reparando casas para soportar el invierno, acogiendo y compartiendo con niños, ancianos y enfermos. Algunos han logrado trascender en el tiempo, otras serán acciones más esporádicas, sin embargo tengo la certeza que aun cuando con el tiempo se les pueda olvidar el rostro de quien ayudaron, la experiencia y el valor quedará en su memoria, y lo más importante es que a aquella persona que asistieron, quizás le mejoraron la vida, le regalaron la posibilidad de sentirse reconocidos y valorados, y eso ellos no lo olvidarán.

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