El 15,4% de los chilenos presenta insuficiencia renal.

Hipertensión y diabetes son sus principales gatillantes.

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SEGÚN CIFRAS DEL 2022, EN CHILE HAY CASI 25.000 PACIENTES EN DIÁLISIS, LA MAYORÍA COMO CONSECUENCIA DIRECTA DE UNA ENFERMEDAD RENAL CRÓNICA (ERC). DEL TOTAL DE PERSONAS CON ERC, EL 56% ESTÁ A LA ESPERA DE UN TRASPLANTE DE RIÑÓN, PERO SÓLO UN 25% LO CONSIGUE. Y AL IMPACTO NEGATIVO QUE TIENE EN LA CALIDAD DE VIDA Y LA REDUCCIÓN EN LA EXPECTATIVA DE VIDA DE QUIENES LA PADECEN, SE AGREGA QUE LA ERC IMPLICA UN GASTO SUSTANCIAL DE LOS RECURSOS PÚBLICOS, EN EL CASO DE CHILE, EL 22% DEL PRESUPUESTO DE LAS GARANTÍAS EXPLÍCITAS EN SALUD (GES).

 A nivel mundial, 830 millones de personas presentan algún tipo de Enfermedad Renal Crónica (ERC), y en nuestro país, según cifras de la Sociedad Chilena de Nefrología, el 15,4% de los mayores de 40 años presenta esta insuficiencia en alguna de sus etapas, posicionándonos, tristemente, por sobre otros países de la OCDE como Alemania, Italia, Reino Unido o Japón.

Pero ¿qué es la ERC y, lo más importante, por qué los chilenos debemos enfocarnos en prevenirla? En palabras simples, la Enfermedad Renal Crónica es la pérdida progresiva e irreversible de la función de los riñones, órganos encargados de eliminar los desechos y el exceso de agua del cuerpo, lo que trae como consecuencia una serie de efectos colaterales y daños sistémicos como hipertensión arterial, retención de sodio, anemia, alteraciones en la mineralización de los huesos, infertilidad, y problemas cardiovasculares como insuficiencia cardiaca y mayor riesgo de infartos cardiacos y cerebrales, entre otros.

Cuando el daño renal es más avanzado el paciente debe recurrir a la terapia de hemodiálisis – 3 veces por semana- que de acuerdo a la Sociedad Chilena de Nefrología, en Chile suma 25 mil personas; de ellos, el 56% está en lista de espera para un trasplante de riñón, pero sólo un 25% recibe efectivamente uno.

Estas cifras dan cuenta de la prevalencia de esta enfermedad en Chile, lo que se explica, en parte, por lo normalizado que están muchos de los factores de riesgo en nuestro país. De hecho, el 34% de los chilenos vive con riesgo cardiovascular por obesidad, uno de los principales desencadenantes de la ERC; lo mismo ocurre con el colesterol alto, la hipertensión, el tabaquismo y el sedentarismo, todas enfermedades y hábitos que están cada vez más instalados en la realidad nacional.

“Por el estilo de vida que lleva la población chilena, podemos ver que de aquí a 20 años tendremos un importante incremento de personas viviendo con algún grado de Enfermedad Renal Crónica”, señala el doctor Eduardo Lorca, nefrólogo, director del Departamento de Medicina Interna Universidad de Chile y miembro del Servicio de Nefrología del Hospital Salvador.  

Y el aumento de personas diagnosticadas con esta enfermedad repercute en los costos que tiene que asumir el sistema de salud. La ERC es parte de las Garantías Explícitas de Salud (GES), programa que durante el año 2019 destinó el 22% de su presupuesto a esta patología, transformándola en la más costosa del régimen. “Es una enfermedad que le significa al Estado más de $218 mil millones sólo en diálisis, lo que se traduce en 25 mil pacientes al año, con una tasa de crecimiento de 4 a 6% anual”, agrega el especialista.

Entonces cobra aún mayor importancia conocer qué podemos hacer para prevenir o enfrentar esta enfermedad en sus primeras etapas, sobre todo cuando las estadísticas advierten que es una patología que está en el horizonte de miles de familias chilenas.

“La primera recomendación es mantener una dieta equilibrada, con menos ingesta de sal, azúcar y calorías, hacer actividad física regularmente, hidratarse bien con líquidos que no sean bebidas, y sobre los 40 años chequearse anualmente para detectar precozmente hipertensión arterial (HTA), diabetes y otros factores de riesgo cardiovascular”, explica el doctor Lorca.

Siguiendo estas recomendaciones, los especialistas estiman que podríamos revertir, en parte, la prevalencia que tenemos los chilenos de sufrir ERC; además, los mismos expertos creen que aún estamos a tiempo de perfeccionar un sistema de salud que responda a las exigencias que esta patología conlleva.

Las actuales diálisis pueden ser mejoradas con nuevas técnicas que aseguran un 23% más de sobrevida.

 

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