¿Existe la personalidad adictiva?

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LAS INVESTIGACIONES SE INCLINAN POR LA IDEA DE QUE SOMOS SERES QUE SE CONSTRUYEN Y CONSTITUYEN EN EL “CON-VIVIR” CON OTROS EN SOCIEDAD. ¿ENTONCES, EXISTE LA PERSONALIDAD ADICTIVA?

Los avances en la neurociencia y en la psicología dan cuenta de que la adquisición del lenguaje es un punto de inflexión en la historia de la humanidad.

Gracias a esto, podemos ponerle nombre a las cosas y, de paso, a nosotros mismos. Interpretamos el mundo y lo dotamos de significado. De este modo cada uno de nosotros arma una historia acerca de quién es y quién ha sido.

Pero no solo eso: el lenguaje tiene una capacidad generativa, vale decir, no solo describe la realidad, sino que también crea realidades. El conocimiento, tanto de uno mismo como de los otros, es una construcción que se da en la interacción social.

La psicóloga norteamericana Harlene Anderson expone de manera simple que “el yo es la manera más o menos estable, más o menos emocional como nos contamos a nosotros mismos y les contamos a otros quiénes somos y quiénes seguimos siendo en medio de constantes cambios”. Esto quiere decir que construcciones como el “carácter” o la “personalidad” existen solo y a través del lenguaje, en nuestro discurso.

Lo que somos depende de las relaciones que establecemos y de los diferentes contextos en los que participamos.

En cada uno de esos espacios somos diferentes y nos permitimos ser, sentir y vivir experiencias que van nutriendo, y seguirán nutriendo, nuestra a autobiografía.

Del mismo modo como nos construimos en cada uno esos roles y nos narramos con determinado carácter, nos definimos con ciertas debilidades o patologías.

La personalidad adictiva, sería una forma más que hemos encontrado para contarnos y justificar ciertas acciones o conductas…

Con esto no digo que no exista una adicción química en estructuras cerebrales; como ya dijimos, el sistema de recompensa es determinante en mantener nuestras conductas adictivas, pero la neuroplasticidad del cerebro nos indica que esto se puede cambiar.

Entonces, seguiré siendo adicto en la medida en que me siga comportando, sintiendo y narrando como tal.

La realidad y nuestra personalidad dependen de la construcción narrativa que elijamos. Por lo tanto, la invitación es a dejar de narrarnos imposibilitados, adictos o limitados.

¿Cómo vas a elegir contarte? ¿Quién y cómo quieres ser?
Y recuerda: ¡La vida es con emociones!
No podemos elegir nuestras emociones, pero sí podemos elegir cómo respondemos a ellas.

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